RELATOS EROTICOS |
![]() |
|
![]() |
||
|
Vivencias calientes, relatos eroticos y muy calientes. Historias porno relatadas por sus protagonistas, penetraciones amateurs, primeras experiencias, orgias muy guarras, felaciones extremas y mucho, mucho más en nuestra sección de relatos Porno. <··· Inicio Top Famosas |
||
| Actrices | Cantantes | Modelos | Famosas de TV |
| Actrices Porno | Videos guarros | Chicas en Vivo | Relatos Calientes |
Indice Relatos |
Mi chica y su chochito rapaditoMi novia, llamémosla María, bien podría aparecer en el diccionario bajo la palabra "caliente". Es guapa sin parecer una modelo, baja, pelo moreno, preciosos ojos azules claros, y unas tetas en su justo tamaño, ricas sin llegar a ser grandes. Sin embargo, lo que más destaca en ella hacia mí (al menos espero que sólo hacia mí) es su actitud con respecto al sexo. Comenzamos a hacerlo a los pocos meses de estar saliendo, y en cuanto cogió verdadera confianza conmigo en este aspecto, me mostró una cara de ella que no conocía. Voy a contar ahora un par de momentos con ella, para desahogarme, porque estas cosas me ha pedido que no las cuente a mis amigos (gran putada, por otra parte). Hace unas semanas María me dijo que quería ir al cine, a ver una película rara de no-sé-qué director japonés que yo no conocía. Fuimos en mi coche, porque el cine quedaba algo lejos, y hacía frío. Llevaba puesto un conjunto blanco, un pantalón fino que transparentaba ligeramente un tanga blanco también, y un top, también algo transparente, sin hombros que dejaba al aire su ombligo. Iba preciosa, pero me extrañó que yendo al cine no se pusiera falda, ya que no son pocas las veces que viendo alguna película me pide que la masturbe. Durante todo el camino se estuvo quejando de lo incómodo que era el sujetador nuevo que llevaba puesto. La verdad es que era bonito, pero la cantinela que me dio en el coche llegaba a ser molesta. Cuando entramos apenas había gente en la sala. Nos sentamos casi al fondo, en un buen lugar. En cuanto nos sentamos, ella me dijo: - No aguanto más este sujetador. Espera, que ahora vengo. Tras esto, se levantó y salió de la sala. Cuando volvió, la sala estaba ya a oscuras, pues comenzaba la película. Volvía sin el sujetador. Al sentarse a mi lado le pude ver todo el pecho a través de su generoso escote. Eso me puso a mil, pero me contuve, pues parecía que estaba muy interesada en la película. Le pasé el brazo por el hombro, y ella, recostando la cabeza sobre mi hombro, me dio un beso. Me susurró al oído: - Tengo que confesarte algo. Realmente ni sé de qué va esta película. La miré extrañado. - ¿Entonces para qué hemos venido hasta aquí y hemos pagado esto? - Le contesté, algo enfadado. - Espera un poco. Tengo una sorpresita. Seguro que te gusta. Me dio otro cálido beso en el cuello, y guió la mano que tenía en su hombro por dentro del top. Al no tener hombros era realmente fácil, y empecé a acariciarle los pechos. Al pellizcarle los pezones ella empezó a besarme y lamerme el cuello con más fuerza. Mi polla estaba comenzando a endurecerse bajo los vaqueros. La puse la mano sobre mi paquete, pero, sonriendo, dijo: - Hoy voy a ser más cruel que nunca con tu pajarito, cariño... Quitó la mano, no queriendo saciar un poco mi excitación. Se desanudó el cordel del pantalón. Me besó la palma de la mano que no estaba trabajando sus tetas, y me susurró que ahora venía la sorpresa. Abrió el bolso, ¡y me puso su tanga en la mano! ¡La muy guarra se había quitado las bragas al ir al baño! Ni que decir tiene que mi polla pegó un salto monumental, pero lo mejor estaba por llegar. Se metió el tanga en el pantalón y me dijo, con voz insinuante, "Búscalo". Al meter la mano, tuve la sensación más excitante de mi vida. Estaba en el cine, con la mano derecha en la teta de mi novia, que no llevaba nada de ropa interior, y la izquierda notaba ¡que se había afeitado el coño!. No la quedaba ni un solo pelo. No lo había hecho nunca, a pesar de que se lo había pedido muchas veces. Hoy lo llevaba completamente rasurado. "Sorpresa", me dijo, lamiéndome el oído, cuando notó mi sobresalto. - Joder, guapa, me tienes a mil. Por favor, agárramela ya, o me muero - la supliqué. - No, - dijo con voz picarona, hoy es el día de mi coñito.- Pues te vas a enterar... La agarré el clítoris y lo apreté. Ella comenzó a gemir y a revolverse en la butaca. En un fogonazo de la pantalla noté que se la transparentaban los pezones, duros, a través de la fina tela. - ¿Te gusta que te agarre tu botoncito así, verdad? - No pares... Le comencé a amasar las tetas con todas mis fuerzas, creo que incluso haciéndola algo de daño, sin dejar de acariciar su clítoris. Ella me mordía el cuello para no gemir. - Quiero ver tu coñito depilado, preciosa. Bájate los pantalones. - ¿Estás loco? Nos van a ver. - Si no lo haces, paro... Tú verás - la repliqué, sonriendo. Mirando para todos los lados, se bajó los pantalones hasta las rodillas. Como mi mano había notado, se había depilado completamente. El ver a mi novia sin un solo pelo, empapada, hizo que no pudiera menos que agachar la cabeza y pegar un buen lametón que la arrancó un gemido que se tuvo que oír en toda la sala. Subiéndose los pantalones y colocándose un poco me pidió que nos fuéramos. No lo pensé dos veces, porque mi polla estaba a punto de reventar la cremallera. Cogimos el coche y enfilé a un descampado cercano. Al poco de arrancar, mi novia se volvió a bajar un poco los pantalones y empezó a masturbarse, gimiendo exageradamente, para seguir inflando mi dolorido sexo. Se sacó una manga del top, dejando un pecho al aire. La desgraciada además comenzó a hablar: - No te imaginas el placer que me estoy dando. Cuando me lo afeité hoy me lo vi tan bonito que no pude evitar masturbarme hasta correrme tres veces. ¿Te gustaría que te la comiera, verdad? Pues no, hoy es el día de mi coñito. Se agarraba la teta que tenía fuera, y se metía dos dedos entre las piernas. Yo no aguanté más. Sin parar el coche, me desabroché el pantalón y me la saqué. Con fingido enfado, la agarré la cabeza y la obligué a engullírsela. Ella, divertida, al principio hacía que se oponía, pero después comenzó a darme la mamada de mi vida. Primero se metió sólo la punta y la lamió con fuerza. Apretaba su lengua y me ponía a mil. Después, de un solo golpe, se la metió entera. Yo me moría de placer. Comenzó a subir y bajar terriblemente despacio. La sacaba hasta darle un beso en la punta, y reanudaba el camino hacia abajo, apretando el tronco con los labios mientras me la empapaba con la lengua. No usaba las manos en mí, porque de refilón vi que se seguía masturbando. Me costaba horrores mantener la concentración en la carretera. Llegamos al descampado. Salimos del coche para pasarnos al asiento trasero, pero ella hizo algo inesperado. Se puso delante del coche y se quitó las dos prendas que le quedaban. Se tumbó sobre el capó y dijo: - Cómeme, cabrón. Me arrodillé delante y comencé a lamerle las piernas, los muslos. Ella se pellizcaba los pezones y se retorcía de placer sobre el capó. Le eché el aliento sobre el coño y la miré a los ojos. Ella, suplicante, dijo: - Cómemelo ya, por favor... Metí el clítoris en la lengua, y comencé a chupar con fuerza. Ella me apretaba la cabeza contra ella hasta casi asfixiarme. Le metí la lengua, lo que la arrancó un gemido espectacular. Un dedo la acariciaba el ano, y otros dos se introducían una y otra vez en su sexo. Empezó a revolverse, a mover el culo, indicándome que se estaba corriendo. Sus gemidos iban en aumento, y cada vez se lo comía con más ganas y más rápido. Cuando empezó a gritar de verdad, seguí chupándola al mismo ritmo durante el tiempo que duró su tremendo orgasmo. Al parar, estaba exhausta y sudorosa. Me miró, con los ojos como platos, diciendo: - Ha sido el mejor orgasmo de mi vida. Se levantó y se dirigió al coche. Cuando fue a abrir la puerta para entrar, me coloqué pegado a su espalda. - ¿No pretenderás dejarme así, no? -, y la apreté mi abultadísimo paquete en el culo- - Ya te dije que hoy era el día para mi coñito, ¿no? Además, estoy agotada... Lo dijo en un tono que no podía significar otra cosa que "follame aquí mismo, cabrón". La empecé a besar el cuello, y una mano se perdió en su entrepierna. Todavía estaba chorreando. Me desabroché el pantalón y la puse la polla entre las piernas. - No, déjame -, decía mal fingiendo rechazo. La agarré, rodeando con un brazo sus pechos y con otra tapándola la boca. - Has sido muy mala. Pero te doy a elegir. O me coges la polla y te la metes tú misma, o te ensarto con todas mis fuerzas. - La destapé la boca. - Todas tus fuerzas son muy poco, mariquita. Era la señal que me faltaba para empezar. Con un ligero golpe en el tobillo la separé las piernas, y con la ayuda de mi mano se la metí por su coñito depilado, desde detrás, hasta el fondo. Ella gritaba que le diera más, que no la sabía follar, y lindezas por el estilo. Se la metí y saqué todo lo rápido que pude, haciendo que no pudiera respirar con facilidad. Cuando estuve a punto de correrme, la saqué, y dándole la vuelta, se la metí en la boca. - Trágatelo todo o no te vuelvo a follar así. Bastaron dos movimientos de su boca para que me corriera en ella. Unas gotas se le escaparon por la comisura de los labios, pero las recogió con los dedos, y se relamió cuando acabé. Me besó. - Si no me follas así de nuevo, te dejo. |