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Alemana excitadaMotivado por las lecturas aquí escritas, he decidido también participar con una de mis historias. Debo indicar que es todo es verídico y sucedió en el invierno de 1993, durante mis estudios en Alemania. Era diciembre y Christine, Fernando y yo, nos habíamos conocido en noviembre, en una fiesta de las tantas que tienen lugar como antecedente a la Navidad. Aquel viernes, había sido invitado por algún amigo a disfrutar de aquella noche, con un poco de música, baile y comida. El sitio donde tuvo lugar era bastante grande y cómodo, en donde cada una de las personas podía sentarse cómodamente y disfrutar del espectáculo. Yo había elegido un sitio casi al final del escenario y disfruté observando como la gente a su modo también lo disfrutaba. Algunos bailando, otros bebiendo y otras degustando alguna especialidad culinaria. En una de las pausas del espectáculo, pude observar detrás de mí, a una niña en un asiento sola, decidí hablar un momento con ella y la pregunté en donde estaba su madre, me respondió que estaba comprando. La niña tenía tres años aproximadamente, pero podía hablar casi perfectamente. Así que decidí entablar con ella conversación, mientras esperaba que llegase la madre. Un minuto más tarde, estaba la madre junto a ella. Era una mujer alemana, muy simpática de unos 30 años, estaba vestida como la mayoría de las personas en esa época del tiempo con mucha ropa, lo cual no me permitió al inicio mirar las proporciones de su cuerpo. Pero podía denotar fácilmente que estaba muy bien, físicamente dotada. Al llegar a su sitio miró que yo hablaba con su hija, y ambos saludamos mutuamente y sonreímos. Ella se interesó en hablar conmigo y preguntarme algunas cosas de mí. Comentábamos de la fiesta y al final el tiempo transcurrió y estábamos casi al término del espectáculo, pero para entonces habíamos entrado ya en una confianza mutua y decidimos salir, rumbo a casa. Casualmente vivía ella en la misma dirección que yo, pero más cerca. Caminamos por una calle central de la ciudad, la temperatura era de menos tres grados, pero la conversación era muy divertida para ambos por lo que ni siquiera sentimos el estrago del frío. Habíamos compaginado en muchas cosas y hubiera parecido que nos habíamos conocido desde hace mucho tiempo. Al llegar a su casa, me preguntó si el siguiente fin de semana tenía tiempo, para ir a bailar música caribeña en un sitio donde ella conocía. Por supuesto le dije que si y así quedamos. Durante los días siguientes, contaba las horas para que llegase el viernes, día de nuestra cita para ir a bailar. Quedamos en encontramos directamente allí en la Discoteca, yo había llegado un poco temprano así que encontré un buen sitio donde podía observar, quien entraba y quien salía. Al ritmo de la música caribeña, bebía mi cerveza y disfrutaba también como la gente bailaba y más aún la cantidad de chicas que estaban allí, mostrando sus habilidades del arte del baile y sus dotes corporales. Era una noche sin duda llena de erotismo. Mi mirada se centró a la puerta repentinamente, observé que Christine acababa de llegar, y desde la puerta también ella observó si yo estaba ya allí, nos pudimos reconocer pese a lo obscuro que estaba el sitio, y con un beso en las mejillas no saludamos y nos abrazamos. Sentí entonces su cuerpo junto al mío y pude notar que tenía unos senos bien llevados, redondos y algo duros, se podía notar a través de su blusa ligera que llevaba, así también tenía excelentes proporciones hacia atrás, lo cual noté por la pequeña falda que llevaba, eso me hizo que muchos pensamientos eróticos quedaran dentro mí. Cuando bailábamos nuestros cuerpos se rozaban con frecuencia y alguno que otro ritmo bailábamos muy pegados. Sentía entonces que mi pene estaba al punto más alto, incontrolable, parecía un látigo que golpeaba en su cuerpo y dejaba huellas de deseo. Así la noche transcurrió, habíamos bailado tanto, que pienso que ninguna canción me la había perdido, nuestros vestidos estaban totalmente mojados por el sudor, pero aún así pensamos que podíamos soportar una noche más. Bebíamos, bailábamos y hablábamos cuando teníamos algún momento de descanso. Miré mi reloj y eran ya las 02:30 de la mañana por lo que decidimos salir. La noche era fría, caía nieve y algo especial. Hablamos en el camino de lo bueno que fue bailar, de lo divertido que fue y así de muchas cosas. Me comentó que estaba casada, pero al momento su marido estaba en alguna parte de Sudamérica. Al parecer su relación no estaba tan bien y tenía según ella algunos meses de no haberlo visto. Me comentó que su marido trabajaba en Sudamérica para tres meses o más en el año. Eso me llenó de una fantasía erótica excitante, pensé entonces lo que estaba necesitando, necesitaba alguien ese momento que le diera cariño, atención y la hiciera sentir mujer, pero no quise tampoco mal interpretar sus deseos, así que me tranquilicé y traté de esa forma apagar el fuego que ya me estaba consumiendo por dentro. Llegamos a su casa y al despedimos, de pronto nos miramos frente a frente, sus ojos azules reflejaban alguna luz de la noche y chocaban en los míos, fue entonces cuando repentinamente la tomé en mis brazos y la besé fuertemente, al inicio quiso ella rechazar mis caricias, pero la había sostenido fuertemente en mis brazos que no pudo escaparse, hasta cuando yo mismo la solté. No dijimos nada, solo nos despedimos. En el camino fumé un cigarrillo y pensé de lo que había sucedido, quizás pensaba mucho por nada. Un miércoles cerca de la Navidad fue a visitarme en el sitio donde yo trabajaba, eran las cinco de la tarde, era invierno puro y la obscuridad producto de la era invernal, era algo especial para salir a caminar. Decidimos entrar en un café cerca de la Universidad, pedimos un café, luego una cerveza y así, hasta que eran las diez de la noche. Del beso parecía que no queríamos comentar. Al final caminábamos a casa, jugamos en el camino con un poco de nieve que caía. Cuando llegamos a casa, pensé en despedirme e irme para mi casa, para mi sorpresa me dijo si quería entrar a tomar otro café. Eso me puso mis pensamientos a funcionar y pensé, ok, Christine, vas a tomar café, pero esta vez con leche. De esto que había pensado, casi me reí fuertemente, tuve que controlarme. Decidimos ir a la sala, colocó una música suave y cada sorbo del café, me imaginaba que bebía de sus labios. Nos mirábamos uno al otro, nos reíamos, contábamos algo y nuevamente nuestras miradas chocaban, como diciendo, ¡ok!.. Quien da el primer salto. Yo estaba a mil con mi miembro, sentía que quemaba en fiebre que solo ella podía apagarla, ella quizás lo notaba. En algún momento decidió buscar algo más en la cocina, al parecer no lo encontraba, y decidí ayudarla, no paso más de un minuto cuando nos chocamos accidentalmente, nos miramos y terminó con un beso ardiente. Ella me abrazó fuertemente mientras yo besaba su cuello al tiempo que ella gemía de placer: Aaahhhh... Aaahhhhhhh... Ooooooooohhhh... Aaahhhhhhh. En mis caricias mordía parte de sus orejas, pasé mi lengua por su cuello y solo se escuchaba su voz casi ahogada... Aaahhhhhh, parecía que soñaba aquel momento, estaba sumida en un sueño del que no deseaba despertar. Mis manos recorrían ya muchas partes de su cuerpo, mientras mi mano izquierda acariciaba sus tetas, la derecha tocaba y acariciaba sus nalgas redondas, nos alejamos sin dejarnos de besar ni acariciar de la cocina, y nos dirigimos a la sala, allí, la dejé caer en el suelo y lentamente comencé a sacarle parte de su pullover que llevaba puesto, fue increíble mirar, cuando sus tetas quedaron al aire libre y frente a mis ojos. Eran grandes, las más bellas que había visto hasta ese momento, eran solo mías y las tomé en mis manos, pellizqué sus pezones... a lo que ella respondía con gemidos. Aaaahh... Ooohh Fernando... Fernando... Uufff... Aahh...... Aaahh... suspiraba... Tomé la falda por su cintura y ella se arqueó hacia arriba y me ayudó que la librara de aquel vestido. Tomé su braga y con los dientes la retiraba lentamente, yo no tuve tiempo de sacarme la ropa, casi no hacía falta hacerlo, lo disfrutaba también 100%. Quedó totalmente desnuda en el suelo y sus vellos genitales rubios quedaron a mi vista, entonces comencé a beber sus jugos vaginales, estaba totalmente mojada, mi lengua la introducía hasta dentro, y hacía los lados. Sus jugos eran exquisitos y los saboreaba como si fuera un helado, del cual un niño no quiere desprenderse. A decir verdad, nunca antes lo había hecho de esa forma, pero mi instinto simplemente me llevó a hacerlo, al parecer lo hacía perfecto, porque a ella le gustó mucho, lo que correspondía con sus suspiros. Solos los gritos de su placer chocaban y se confundían con las notas musicales de alguna canción que se escuchaba como trasfondo… Ooohh suspiraba y movía todo su cuerpo, agitaba brazos y piernas y a veces me cogía de mis cabellos y me pegaba aún más a su vagina. En esa forma pasaron algunos minutos, y a veces yo subía hacia arriba y la besaba y acariciaba su boca y sus pezones, a la vez que mis dedos se introducían hasta el fondo de su vagina, juntos bebíamos sus jugos, cuando pasaba luego mi mano por su boca. Me hizo acostarme en el suelo y lentamente me fue desvistiendo casi sin despegar sus manos de mi miembro, que ya estaba a punto de estallar. Cuando sacó mi interior mi pene salió como un cañón hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados, solo miré cuando se la introdujo en su boca, era casi incapaz que se la podía meter, había crecido más de lo debido o solo era mi imaginación, lo cierto es que noté, que Christine era una experta en el sexo y una experta en sexo oral. Su lengua pasaba desde arriba de mi pene, hacia abajo de mis huevos, se introducía huevo por huevo y a veces los dos de una vez en su boca, al mismo tiempo que me pajeaba lentamente con su mano, sentía yo que el mundo se me venía encima, pasamos cerca de media hora, cuando sentí que mis músculos se contraían fuertemente, muchas partes de mi cuerpo sentí que se acalambraban de placer, pero nada era capaz de hacerme disfrutar en ese momento más que Christine y con esa mamada me exprimía hasta la última gota de esperma que quedaba dentro de mí,... Ummmm me vengo grité... Christine... no puedo más... Ella aprisionó más mi pene con sus manos, lo metió más en su boca y aceleró sus movimientos, yo la tomé por sus cabellos, la pegué contra mi estómago, y solo mi voz se escuchó por todo el apartamento, Aaahhhh... Aaahhh... Aaahhhh... Aaahhh… salió un grito de placer de mi parte mientras ella seguía... Ummmm... Ummmm... al final me lamió el pene por todos los lados, me limpió con su lengua y se bebió todo el esperma que había salido. Me quedé asombrado de lo que ella había hecho mientras mi cuerpo aún convulsionaba por lo que acababa de ocurrir. Lentamente comenzó ella a subirse sin despegar su lengua a lo largo de mi cuerpo, nos besamos más fuertemente y pude aún saborear restos de mi esperma. Mi pene seguía aún erecto. Ella lo tomó entre sus manos y lentamente se introdujo en su vagina y comenzó a moverse abajo y hacia arriba... Ahhhhhh... Aaaahhhh... Ooohhh... Aaahhhh... gritaba a la vez que se movía rápidamente... a veces muy lentamente, lo disfrutaba cada movimiento y yo sentía que volaba a lo infinito. Luego comenzó a sentarse en mi pene, era increíble, la forma como lo hacía y como movía su cuerpo lleno de erotismo. La miraba como se arqueaba hacia atrás, cerraba sus ojos, como para no despertar de aquel momento. Ella misma se acariciaba sus senos y a veces yo le besaba y mordía sus pezones, así disfrutamos de muchos minutos, hasta que sentí, que su voz y sus gritos comenzaron a aumentar de tono, era incontrolable, al mismo tiempo sentía que yo me venía por segunda vez... estamos preparados para venirnos juntos... cuando de pronto gritamos... vengo... vengooo... nos sujetamos los dos fuertemente y gritamos Ooooohh... Ooohh... Uuuuummm... Aaahhhh... Aaahhh... Fue uno de los orgasmos más excitantes que hasta ese momento había tenido, nos dimos los últimos movimientos y juntos quedamos abrazados en suelo... nos acariciamos suavemente, nuestros cuerpos sudaban, pero no queríamos dejar de besarnos. Así el tiempo transcurrió. Nos cubrimos con una manta y dormimos juntos en el suelo. Después de aquella ocasión nos encontrábamos al inicio hasta dos veces por semana, luego tratamos de separarnos, cosa casi imposible. Lo intentamos y muchas veces fracasamos. Al final lo hicimos dos veces por año, luego una, al final se mudó de ciudad. Lo cierto es que cada encuentro era una fantasía para nosotros y siempre hacía ella algo diferente, que me volvía loco en nuestra relación sexual. Pero eso quizás lo contaré en otra historia producto de mis recuerdos. |